martes, 16 de enero de 2018

Oro, incienso, mirra y libros de segunda mano para los Reyes Magos literarios



*Esta columna apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/oro-incienso-mirra-libros-segunda-mano-los-reyes-magos-literarios/

La llegada de nuestra arraigada festividad de los Reyes Magos puede significar toda una amenaza a la economía más boyante, así que aquellos que apenas llegamos —o ni siquiera llegamos— a fin de mes, nos encontramos con un enorme problema de presupuesto a la hora de poder comprar los regalos. Sin embargo, existe un lugar maravilloso en donde se pueden encontrar presentes para toda la familia sin exprimir el bolsillo hasta la extenuación. Estoy hablando, como no, de mis adoradas librerías de lance, es decir, de libros de segunda mano.

Porque lo primero que debemos sacarnos de la cabeza, y de los prejuicios, es que en este tipo de librerías solo nos vamos a encontrar con libros amarillentos, sobados o ajados. Los hay, desde luego, pero también hay un gran número de volúmenes que, o bien provienen de bibliotecas personales en donde han sido bien cuidados, o están nuevos porque se han vendido sin abrir ni leer.

Entre todos ellos, vamos a encontrar, y comprar, nuestros regalos de Reyes, sin dejarnos una fortuna.

Para Papa y Mama, que no tienen mucho tiempo de leer
En este apartado es en donde vamos a dar en el clavo seguro. Rara es la librería de usados que no posea una poderosa estantería repleta de Best-sellers o libros de consumo, generalmente nuevos, o prácticamente nuevos, a años luz de su precio original. Cualquiera de estos volúmenes no pasa de 5 o 6 euros, mientras su precio en una gran superficie, por ejemplo, alcanza más de 20 euros con facilidad.

Si nuestros progenitores son más bien de gustos, llamémoslo populares, podemos comprarles el último Premio Planeta por apenas 6 euros (su precio más ajustado en el mercado es de 20,80 euros), o alguno de Dan Brown, por 15 euros menos de su precio en tiendas. Tienen mal gusto, pero a unos padres se les perdona todo. Además, leen unas pocas páginas, rendidos por la jornada laboral, mientras ya cabecean en la cama. Que lean lo que quieran. Se lo han ganado.

Lo mismo sucede con la novela policiaca: algún libro de la saga de Stieg Larsson no alcanzará los 10 euros, mientras clásicos como James Ellroy y Philip Kerr se mantienen muy por debajo de sus precios de venta nuevos. Son esos libros de playa y piscina, tras los que nuestro padre se refugia bajo la sombrilla, porque no hay nada como un buen crimen sin resolver para afrontar el mes de agosto.

Ahora bien, si nuestra madre, o nuestro padre, tienen el gusto por una literatura de calidad, por libros de fondo de biblioteca, por clásicos de toda la vida, por autores legendarios, vamos, que tuvieron un profesor de literatura como Dios manda en el colegio y no un desgraciado vomita apuntes señor-de-lecturas-obligatorias, entonces, nos lo ponen bien fácil: estos libros, en muchas ocasiones, no pasan de los 3 o 4 euros. Y si son en bolsillo, podemos llegar a comprarlos por un euro, rescatados de esos enormes cajones de oferta en donde se albergan maravillas.

El Aleph de Borges, en alguna de sus muchas ediciones de bolsillo, los cuentos de Cortazar, o algunas novelas de Faulkner, Hesse, Mann, Proust o Kafka, no pasan de los 4 euros. Y qué decir de esos muebles inmensos repletos de novelistas españoles, en donde resulta abrumadora la presencia de autoras, víctimas de la sobre publicación y la pésima gestión del mercado editorial y, hay que admitirlo, del capitalismo literario. En esos anaqueles, ningún volumen, por reputado que sea la autora o el autor, alcanza las dos cifras en su precio.

Para los abuelos de batallitas y club de lectura
Ese abuelo lector devora libros, en especial si se trata de Historia, o en concreto de libros bélicos de la Segunda Guerra Mundial, o de nuestra Guerra Civil, tiene un santuario en las librerías de lance. Los aparadores de libros sobre Historia y bélicos están repletos, y los volúmenes a unos precios competitivos sin parangón, a menos de la mitad del precio original.

Aquí, encontramos algunas novedades sobre la Segunda Guerra Mundial, incluso sobre la Primera, muy de moda últimamente, cuyo precio original de 25 o 30 euros se ha reducido entre los 12 o 15. Hay que advertir que estos libros suelen ser los más caros de las librerías de segunda mano, pero aun así el ahorro es notable. Y nuestras abuelas, que leen novelas contemporáneas de autores de esos que se pueden encontrar en el Círculo de Lectores, por ejemplo, tienen en estas librerías un filón.

No podemos olvidarnos de la sección de ensayo, incluso de la poesía (los más baratos de la tienda) o del teatro. Aquí hay de todo y para todos. Incluso para los niños y adolescentes.

Para el niño y la niña, oiga, a ver si dejan un rato la play
Harry Potter o el Diario de Greg son dos fenómenos editoriales sin parangón en el mundo editorial juvenil. Por supuesto, algunos volúmenes de estos libros también pueden encontrarse de segunda mano y a muy buenos precios. Sólo se trata, como con cualquier título, de saber buscar y tener un poco de suerte. Las librerías de lance suelen tener un rincón bien surtido dedicado a este tipo de literatura, con la ventaja de que los libros no están muy castigados dado que, generalmente, han sido regalados para apartar a los muchachos de la consola, y no han conseguido su objetivo.

Si nos centramos en otras colecciones juveniles, es sorprendente la cantidad de libros de Barco de Vapor, o de los Cinco, que esperan un nuevo dueño que los trate con dignidad. Porque en España hubo un antes de Potter y de Greg en la literatura juvenil, aunque parezca mentira. De verdad, lo prometo. Así fue.

Para ese cuñado friki que es un poco “pesao
Efectivamente, él, también tiene cabida en la mágica librería de saldillos. Somos incapaces de imaginarlo sin un volumen de, al menos, 600 páginas bajo el brazo. Y gracias a él aprendimos que, en efecto, los robots sueñan con ovejas eléctricas y eso de las naves que arden más allá de Orión.

La estantería de libros de ciencia ficción suele ser notable, plagadita de volúmenes de Stanislaw Lem, Philip K. Dick, e incluso otros autores míticos de sagas intergalácticas que a los profanos en el asunto, como yo, no nos suenan de nada, pero hacen que a nuestro cuñado se le desencaje la mandíbula de lujuria literaria y gozo. Por supuesto, Tolkien tiene su hábito natural en este lugar con cualquiera de sus obras.

Batiburrillo de saldos para los más burrillos
Esa prima, o ese amigo, que anda un poco atolondrado, puede recibir nuestro presente de Paulo Coelho o Jorge Bucay, para ver si así se asientan un poco, o libros de autoayuda como el del Caballero de la Armadura Oxidada (Obelisco) de Robert Fisher, o el de ¿Quién se ha llevado mi queso? (Empresa Activa) de Spencer Johnson, entre otros muchos. Se encuentran sin dificultad. Parece que una vez que han cumplido con su gran misión fueron abandonados sin misericordia ni agradecimiento… O tal vez, puede ser, que no hayan cumplido con lo que prometían, pero esa horrorosa posibilidad no quiero ni imaginarla.

¿Y ese amigo pesadísimo que tose y tose asegurando que quiere dejar de fumar pero nunca lo hace? Pues para él también hay algunos clásicos de este tipo de manuales para dejar de ser Mr. Nicotina y convertirse en Don me cabe toda la Naturaleza en mis Pulmones.

Libros de recetas de cocina, literatura en otros idiomas (sobre todo inglés, pero también algo en francés y alemán), filosofía, religión, ciencias sociales, música, cine…, casi cualquier cosa nos espera en estos lugares fascinantes, incluso esoterismo, teosofía y hasta ciencias ocultas, pero bien a la vista en las estanterías.

Recordemos a algunos de esos autores clásicos que nunca faltan a su cita con el cajón de saldos o la librería de lance: Ángel Palomino, Gironella, Gala, Cela y Delibes, Vargas Llosa, Vicki Baum, Harold Robbins, Dan Brown, Javier Cercas y Ruíz Zafón, Sven Hassel, que es lo mismo que decir: Madrid Costa Fleming, Un millón de muertos, Grand Hotel, Los Panzers de la muerte, El código Da Vinci, La fiesta del chivo, Soldados de Salamina,…, y también otros títulos que se muestran como nieves eternas de esta latitud de los saldos: Hijos de Torremolinos, La sangre, El astrágalo, La piel, Los cipreses creen en Dios, y cualquier libro sobre Stalin y Hitler, de ellos hay volúmenes a montones, y sobre Franco, y unos de los textos estrella de toda tienda de este tipo que se precie: La historiadora (Umbriel) de Elizabeth Kostova, por toneladas, y De parte de la princesa muerta (Espasa) de Mourad Kenize, a pares.

Hace ya un tiempo escribí una columna aquí en Achtung! sobre librerías lance y los libros más habituales que en ellas podemos encontrar. Si quieres puede svolver a consultarla en este enlace:


Y siempre nos aguardan En brazos de la mujer madura de Stephen Vizinczey y El perfume de Patrick Süskind —ambas en Seix Barral—, como tampoco faltan a su cita con la rebaja L.A. Confidencial —el clásico de Ellroy en cualquiera de sus ediciones—y esos Juegos de la edad tardía (Tusquets) landerianos. En fin, toda una fauna literaria entre la que podemos realizar nuestra compra de Reyes sin soportar grandes daños económicos. A continuación, os dejo la lista de mis adquisiciones y el dinero que me he gastado. A ver qué os parece:

Para padres y madres:
El código Da Vinci (Umbriel), Dan Brown, asignatura pendiente de nuestras madres, espoleada el ansia por leerlo después de ver la película y parecerles Tom Hanks tan majo, 7 euros.
La historiadora, ¡necesito algo más sobre vampiros y este no lo he leído aún!, para ese padre que se fascinó con el Drácula de Coppola y que desde entonces no se quita los colmillos, 5 euros.
Matadero Cinco (Anagrama), Kurt Vonnegut, para lectores exigentes con ganas de leer algo original y divertido, 6 euros.
Para los abuelos:
El móvil (Tusquets), Javier Cercas, porque al abuelo le llegó al corazón Soldados de Salamina (también en Tusquets), 4 euros.
Marina (Booket), Ruíz Zafón… ¿Pero este chico tiene alguna novela más además de esa del edificio lleno de libros? Sí, abuela, sí que las tiene… 4 euros.
En el dia de hoy (Planeta), Jesús Torbado, para ese abuelo que se alegra de que los republicanos hayan ganado la guerra civil, aunque sólo sea en una ucronía, 2 euros.
Para niños, jóvenes y adolescentes:
Harry Potter y la piedra filosofal (Salamandra), J. K. Rowling, como iniciación a la saga, porque se tienen que iniciar en algo más que no sea el Call Of Duty, 5 euros.
El castillo de los Cárpatos (Bruguera), Julio Verne, una mezcla de terror científico light que igual le roba unas horas a la play, 2 euros.
Las aventuras del barón de Munchausen (Bruguera), G. A. Bürger, un clásico de los de toda la vida, y divertido un rato, 1 euro.
Para algún amigo friki, y otras compañías:
Drácula (Debolsillo), Bram Stocker, uno que nunca falla, 5 euros.
Frankenstein (Anaya), Mary Shelley, para tener la parejita junto con Drácula, solo me faltan la Momia y el Hombre Lobo, 6 euros.
Dune (Debolsillo), Frank Herbert, el primero, el bueno, el de toda la vida, un clásico pendiente, 5 euros.
El fin de la eternidad (Hyspamérica), Isaac Asimov, uno de mis libros favoritos sobre viajes en el tiempo, 1 euro.
Y del cajón de todo a 1 euro:
La Hora 25 (ediciones G.P, colección Reno), Constantin Virgil Gheorghiu.

En total, una compra por 54 euros. Si os apetece, calculad el precio de nuevos en cualquier gran librería, contando con que muchos de ellos ni los podríais encontrar, víctimas de la absurda ley del mercado de novedades.

Recordad, si fuisteis buenos, los Reyes os traerán mucha y buena literatura, pero si habéis sido malos os traerán la nueva novela de…


¡Feliz 2018 y felices lecturas, achtungers! Nosotros os prometemos un año repleto de libros, reseñas y críticas. 

lunes, 15 de enero de 2018

Ara Malikian en Madrid: Mucho más que las aventuras de un violín




*Esta crónica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/ara-malikian-madrid-mucho-mas-las-aventuras-violin/

Llevo suficientes años dedicándome a la crítica musical, presenciando conciertos, para reconocer a un genio en el mismo momento de verlo evolucionar sobre el escenario. Ara Malikian no deja ningún lugar a la duda: en cuanto aparece ante el público emana una luz que sólo está destinada a los grandes talentos. Porque este violinista genial, además, es un showman de primera y un entretenedor como he visto pocos. Su concierto en Madrid, el pasado día 29 de diciembre, demostró que Malikian es una bestia de las tablas, un devorador de audiencias, un encandilador moderno. Un artista que enlaza a su virtuosismo la humanidad y la calidez de los elegidos.

No es por casualidad que antes del concierto, en las pantallas de video y sobre el telón que oculta el escenario, pudiera leerse Corral de comedias portátil de Ara Malikian, y a los lados unas telas con un dibujo que imitaba a una corrala. Este detalle, el del corral de comedias, que muy bien puede pasar desapercibido para el público, es el leitmotiv del violinista, el hilo conductor que va a empastar todo el espectáculo, la forma con la que Malikian desgranará su música.

Los corrales de comedias tenían mucho de fiesta popular ambulante durante el Siglo de Oro español, producto de una tradición teatral en donde la obra de entretenimiento (es decir, la comedia) era la pieza más importante. Por supuesto, una buena comedia debía hacer reír, pero también emocionar y hasta provocar algún que otro llanto, además de llamar a la reflexión mediante el humor y presentar una visión crítica y deformada de la realidad con cuya hipérbole se ponía acento en algún aspecto esencial de la sociedad del momento.

No hubo mayor lugar de comedias que España, y parece que eso lo sabe muy bien Ara Malikian al instalarse en esa tradición, pero es que, pronto, su espectáculo se convierte también en comedia, siguiendo los cánones de entretener, emocionar, y mostrar espacios para la reivindicación y la reflexión. Todo ello, salpimentado de humor, trayendo así, al frente del escenario, la impecable interpretación de toda una banda de virtuosos —batería, guitarra, viola, violonchelo, contrabajo y percusiones africanas— con su Gran Entretenedor a la cabeza.

Es Malikian un Shakespeare en The Globe, o un Lope en Almagro, es un actor, un comediante, un feriante, un chisgarabís con seso y mesura, un zascandil juicioso y un hombre mágico. Un encantador. Su violín es una varita mágica. Su violín es un flautín con el que atonta a las cobras que serpentean en el interior de un cesto de mimbre. El pabellón, abarrotado, guarda silencio cuando habla, guarda silencio cuando toca el violín, guarda silencio incluso cuando aplaude rendido.

Es un chamán, un titiritero balcánico vestido con muchas pieles que se engolfa en sus danzas armenias, en los sonidos libaneses, en los ritmos de las czardas romanís, en el crujido de la música proveniente de los banatos, convirtiendo su violín en guzlas y rabeles. Sus melodías son canciones que hablan de hombres, hablan de alegrías y de tristezas, hablan de niños y mujeres, encandilan con una llamarada porque cada vez que el arco roza las cuerdas del violín es como si frotase una lamparilla mágica que reventara en colores.

Los tonos amaderados de su música son un bebedizo fuerte como el raki, emanan de su violín aromas de cafés y Anatolia, dulces de baklavas, y resultan contundentes como la humareda densa y amanzanada de un narguile.

Una guitarra eléctrica distorsionada inaugura la sesión del corralillo. Está sonando rock en un concierto de un violinista, y no es cualquier cosa, es Vodoo Child, el tema popularizado por Hendrix, toda una advertencia: vamos a presenciar eso que los críticos denominan como Crossover clásico, o tal vez no, tal vez vayamos a ver una comedia de casi tres horas sobre la biografía musical de Ara Malikian; y empieza a golpe de rock duro.

De momento, la definición de Crossover es impecable, dado que a la intensa y llamativa versión de Vodoo Child al violín, que se acompañada de forma contundente por la banda, le sigue una fusión bien curiosa con el Réquiem de Mozart. Pero eso esto es mucho más, dejarlo congelado en la definición de un concierto de Crossover Clásico sería hacerle un flaco favor. Es un espectáculo de violines, un recital de músicas del mundo, un regalo de sensibilidad, un ofrecimiento de paz, armonía y tranquilidad.

En efecto, tranquilidad, una calma represada que se contiene en la versión de Life On Mars de Bowie, que hunde a los asistentes en una melancolía lenta y en una trascendencia vital. La música debe conseguir eso, la catarsis en los asistentes, algo así como la función del teatro aristotélico propuesto en su Poética (Alianza) de hace 25 siglos, y Malikian nos redime con sus cuerdas, hace que nos sintamos todos más ligeros, incluso contentos por estar viviendo ese día.

Durante toda la actuación hay tiempo para el humor. Ya sea en el discurso del violinista dirigiéndose al público, convirtiendo el concierto en un concierto biográfico, ya sea en alguna de las piezas interpretadas (La Campanella de Paganini, por ejemplo). Y tras una vibrante Misirlou que es como un terremoto en el Peloponeso, llega 1915 y se abren los corazones.

¿Qué ocurrió en 1915 que merece un tema tan desgarrador? Es el año en que se desencadenó el genocidio armenio, alcanzando las matanzas hasta 1923. Arrojó casi dos millones de muertos a manos del Imperio Otomano y el gobierno de los Jóvenes Turcos, el nombre por el que se conocía al partido nacionalista de Enver Pasha, en el poder de Turquía. Se toma, oficialmente, el 24 de abril de 1915 como fecha para conmemorar la masacre, el día en que el gobierno turco empezó con las detenciones de armenios en Estambul.

Por supuesto, y en un tono serio que no ha empleado en todo el concierto, Ara Malikian se encarga de explicar todo eso al público como introducción a la pieza. Este drama, que junto con la Shoah está considerado como uno de los mayores genocidios del siglo XX, fue magistralmente retratado en la novela Los cuarenta días del Musa Dagh (Losada) del praguense Franz Werfell. Si os interesa una crítica que realicé hace un tiempo, os dejo este enlace:


Se trata de un tema terrible: el exterminio sistemático de una porción de la población por motivos étnicos. Desde Auschwitz, aunque también podríamos decir que desde el genocidio armenio, como sostuvo Theodor Adorno, no parece ya que sea posible escribir poesía. Evidentemente, estas palabras no significan literalmente lo que dicen, sino algo mucho peor.

Con la perpetración del genocidio el hombre ha perdido la inocencia, el candor necesario para fascinarse ante la belleza. Se ha embarrado. Y precisamente la poesía, y por supuesto la música, solo se puede componer desde esa inocencia, desde el estado de eterna perplejidad y asombro infantil que posee al espíritu del creador. Las matanzas nos han despojado de la belleza. Y por eso la poesía y la música son difíciles de admitir tras los crímenes.

Así lo entiende, también, Malikian en su tema 1915. Por eso, una gran parte de la interpretación se produce pellizcando el violín con los dedos. La poesía de la música de la que el hombre ya no es merecedor se obtiene con la caricia del arco sobre las cuerdas. Ante el drama y el asesinato masivo, hay que arrancarle a golpes la música al instrumento, con las manos, de una forma humana y trabajosa que nos pone en contacto directo con el barro de las fosas comunes.

Será gracias al poder regenerador de la composición de Malikian, que nos trae de vuelta a las víctimas para honrarlas, cuando se pueda acariciar de nuevo el violín, pero siempre con una larga flema de dolor que anega toda la composición. Aunque libanés de nacimiento, es de ascendencia armenia; por todo eso es un Wadji Mouawad de la música clásica.

Afortunadamente, el concierto está repleto de momentos en los que el corazón galopa de gozo y no se empequeñece de congoja como con 1915. Ahí está la épica interpretación del clásico de Led Zeppelin, un Kashmir antológico. No se me ocurre un mejor tema para el violín moderno de Malikian. El pesado ritmo de la composición permite el relieve del fraseo del instrumento, que hace las veces de la voz de Robert Plant. Los aires marroquís de kasbas y medinas son perfectos para aromatizarnos desde el violín del Gran Entretenedor.

También, Broken Eggs, el Requiem por un loco —compuesto para despedirse de su violín que se le había roto— o la magistral El vals de Kairo —creada poco antes del nacimiento de su hijo—, desencadenan admiración y entusiasmo entre los asistentes, que muchas veces no saben si guardar silencio o romper a ovacionar.

Exactamente eso ocurre con el último tema del concierto, de Johann Sebastian Bach. A la belleza insostenible de la pieza, se le suma una interpretación emocionante, cuando, de pronto, Malikian se baja del escenario mientras continúa tocando, y se mezcla entre un público que asiste a su paseo de una forma reverencial, extática, solemne.

En mitad de la muchedumbre, el violinista derrama su medicina. Ilumina el rostro de las personas ante las que pasa, erguido, imbuido del espíritu de todos aquellos músicos que, antes que él, tocaron el instrumento, y a cuyo legado debe su arte. No se trata sólo de Malikian caminando entre su público, es una oferta: es la posibilidad de curarnos con el sanador multitudinario, con el hacedor de milagros, con el hombre que ha venido a contar su historia en el centro del patio del corral de comedias y se ha transmutado en un actor del método, en un divo de la ópera, en un humilde servidor de sueños.


Así es el violín de Ara Malikian. Porque es ese violín, cuando lo acaricia, es el que le hace ser como es, sin bebedizos ni pócimas mágicas. Únicamente con música. Y a nosotros nos convierte en sus feligreses. Solo podemos exclamar: ¡La curación ha comenzado!

domingo, 31 de diciembre de 2017

2017: Historia de un año de libros, lecturas y emociones

*Esta crónica apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/2017-historia-ano-libros-lecturas-emociones/


Este 2017 que termina ha sido un año marcado por las excelentes lecturas de las que he podido disfrutar. Hubo muchas novedades interesantes, algunas, incluso han sido obras maestras de esas que no ya nunca podré olvidar, junto a felicísimos descubrimientos de rarezas literarias, algún que otro reencuentro con los clásicos de toda la vida y muy sabrosas relecturas. A continuación, en este penúltimo Odradek del año, voy a comentaros algunos de esos libros que han pasado por mis manos y mis ojos en este 2017 agonizante.

En efecto, llevo un listado en donde anoto con precisión y devoción cada libro leído. Supongo que en eso no me diferencio del cazador que coloca las cabezas de sus piezas en la pared. Así, desde 2007 consigno, primero a mano en una Moleskine, y después en un documento de Word con el nombre de Recuento (hay que modernizarse) los libros de cada año. El volumen de lecturas anual suele ser más o menos el mismo, aunque hay algunos años disparatados y otros algo más enflaquecidos, siempre a causa de quehaceres profesionales o personales que tanto influyen en mis ritmos de lecturas.

Poesía
El año 2017 empezó con algo tan complejo como la poesía actual, más aún si nos centramos en la poesía española, ese mar en calma en el cual parece que ya todo el mundo puede adentrarse con la mera excusa de tener algo que decir, ya sea famosillo, bloguero o presentador de televisión. En España podemos decretar por fenecido al poeta, dando paso al facepoeta o al instapoeta, cuyas principales características son un nutrido grupo de palmeros que le ríe las gracias mientras se harta de publicar mamarrachadas o pretende ser un epígono de Benedetti.

Sin embargo, como el escaso lince en España, aún queda un puñado de versificadores salvajes que parecen vivir en las agrestes montañas de la literatura, fieles a su voz propia y original, que no se casan con nadie y que son inasequibles al desencanto. Por eso, arranqué el año con poesía, con poesía española, con poesía española de la buena: en efecto, he sido capaz de colocar juntas las tres palabras y que no parezca una aberración. El mérito radica en que, después, añado el nombre de un fanático de la lírica que se empeña, cada día que pasa, en firmar obras de arte que son obras maestras de sensibilidad y percepción de nuestro mundo que languidece: Maximiano Revilla. El libro, Pálpitos del tren que no vuelve (Vitruvio).

Y aquí, el enlace a mi crítica literaria del libro, que publiqué en el blog de pensamiento poético Verde Luna:


Y tal vez fuera por la inercia de que cuando uno encuentra algo bueno no quiere soltarlo, pero mi segunda lectura del año saltó sobre otro poemario igualmente notable, con la salvedad de que ahora me refiero a tierras costarricenses, un lugar tan ahíto como preñado de poesía, en donde se están aproximando a un hundimiento de su lírica por agotamiento —muy parecido al agostamiento en el que estamos inmersos aquí— aunque yo creo que ellos todavía conservan muchos grandes talentos, o futuros talentos (bueno no creo que sea futuro, sino ya bien presente) como Ronald Campos.

Su poemario Respuestas de la tierra, (editorial Juglar) publicado en España, nos muestra a un poeta repleto de recursos con una forma muy peculiar de contemplar la geografía española y castellana, con ojos de trópico, en uno de sus trabajos más interesantes y originales. Un libro muy de poeta, que confirma el puesto que está llamado a ocupar en la poesía de su país.

Os dejo el enlace a mi crítica de Respuestas de la tierra, también para el blog Verde Luna:


En el mes de marzo me topé con el primer gran descubrimiento del año, tal que fuera un Kepler oteando los cielos poéticos, y me vino, sin embargo, por la nube de Internet. Mi relación facebookiana con otro poeta costarricense, esta vez Randall Roque, culminó con el honor de escribirle un prólogo para su excelente poemario Ácido, pendiente de publicación y a la búsqueda de editorial en España. Siguiendo esa fea costumbre de la autocita, reproduzco unas palabras de ese prólogo, hasta el momento clandestino:

Es la poesía de Randall Roque una sustancia peligrosa, un magma literario que debe ser manejado con cuidado, casi de contrabando, pasada de boca a oído en los callejones traseros, administrada con cuentagotas, contrabandeada, trapicheada como las sustancias estupefacientes y el alcohol que tanta presencia tienen en este poemario Ácido. Porque es una poesía que produce fuertes efectos secundarios; son versos de puño, que aturden al lector, para después espabilarlo cuando toma conciencia de la realidad que el poeta le ha mostrado a través de su escritura”.

Seguimos buscando editorial. De momento, ustedes se pierden a este gran poeta de Cartago.

Siguiendo con este arranque tan poético de 2017, cayó en mis manos uno de los poemarios llamados a revolucionar una parte de mi percepción lírica, más aún cuando vino cargado de serendipia y casualidad. Me explico: llevo un tiempo dedicado al estudio de la literatura cuántica, y en los últimos tiempos a la poesía cuántica. Entonces, apareció La flor de la vida (Lastura), poemario de Heberto de Sysmo, y se convirtió en uno de los textos fundamentales para llevar a cabo mis estudios.
Pensemos en una cosa: nuestras huellas dactilares reproducen las constelaciones. Nos encontramos, así, ante una geometría sagrada de la creación, algo maravilloso que entronca con la micro cuántica y la macro cuántica, circunstancias sobre las que me explayo en el siguiente enlace del blog Verde Luna:


Heberto de Sysmo, junto a otro gran poeta valenciano, Gregorio Muelas, firmaron uno de los libros más bellos del año, no sólo por su contenido repleto de unos haikus que son como pequeñas conchas encontradas en la arena, sino por la edición artesanal y primorosa llevada a cabo por Ultramarina Cartonera. El delicioso manjar lleva por título La soledad encendida, y en el blog Verde Luna os hablé en profundidad de los tesoros que alberga en su interior:


Con evidentes toques de poesía cuántica y un planteamiento ciertamente original, llegó a mi puerta Poesía en obras (Lastura) de Emilio J. Ocampos, otro de esos poemarios que hay que tener en cuenta. En primer lugar, por su sencillez aparente. En segundo lugar, por lo que propone: una escisión entre el yo poeta y el yo que debe desgastarse en un trabajo alimenticio (porque, desde luego, las tareas de poeta no lo son), y en cómo afecta todo eso a la percepción lírica del día a día. Muy recomendable. Si os animáis a echarle un vistazo, os dejo el enlace mi crítica:







Acabo este año, excepcionalmente bueno en mi cata de poemarios —pero que no hay que confundir con el volumen de poesía insulsa, anodina y despreciable que se ha publicado en España, de la que afortunadamente no he tenido que hablar, ni padecer son su lectura, en uno de los pequeños privilegios de mi independencia literaria—, con Un cuántico aleteo en la boca, de Maximiano Revilla, y por aquello de cerrar el círculo de la buena poesía española.

Con su interesante deriva hacia lo social, en este segundo libro que publica en el mismo año (lo cual es heroicidad, y al ser de poesía ya es algo rayano en la locura), Maximiano nos ofrece algunos de sus poemas más originales, en un trabajo herido de la hiper percepción de una realidad dolorosa: la forma en cómo nos estamos agostando y angustiando.

Y el link, para los curiosos, con mi análisis en profundidad:


Novela
He de reconocer el severo deterioro en mi relación literaria y lector con Antonio Orejudo. Yo entré en lo peculiar de su mundo narrativo por ese artefacto desternillante que es Ventajas de viajar en tren. Desde ahí obtuve la misma satisfacción con la que era su primera novela, Fabulosas narraciones por historias, y donde ya me rindió por completo fue con Reconstrucción —todas sus obras, incluso las que mencionaré más adelante, editadas en Tusquets— uno de los mejores libros que se han escrito en España hasta la fecha.

Valga esta crítica en mi blog La ficción gramatical para sostener tal afirmación:


La avaricia rompe el saco lector, claro, y mis deseos de toparme con más genialidades del escritor madrileño se han quedado en ayunas. Leí con más buena voluntad y disposición que espíritu crítico Un momento de descanso, y terminé de desfondarme con Los cinco y yo. Algo me decía que, tras varios años de espera, iba a toparme con el autor genial que recordaba, pero de eso nada. Mi forma de ejercer la crítica literaria, muchos ya lo sabéis y os habréis dado cuenta, consiste en no mencionar aquello que, simplemente, es bazofia literaria.

Se trata de no destrozar la obra de nadie, eso no tiene sentido: ellos solos la destruyen con sus actos y, lo más importante, con lo que escriben y cómo lo escriben. Sin embargo, creo que hay un grupo de autores, por apoyos editoriales, posición ganada con los críticos, prestigio y proyección, de quienes creo necesario señalar que han escrito una obra que no es que sea mala, pero que no se encuentra a la altura de sus trabajos anteriores. Esto explica mi reseña de Los cinco y yo para esta misma revista, y que puedes consultar aquí:


Para enjuagar un sabor de boca algo amargo tras la última entrega de Orejudo, releí Ventajas de viajar en tren, y una vez reconciliado con la genialidad de este autor lo recomendé como libro del mes al público de la página web de Mi Nueva Edad. Puedes leer mi recomendación aquí:


Ya metido en el mes de mayo, le tocó el turno a un agradable libro, me atrevería a decir que por ocasiones delicioso, que prepara una trama de novela negra con raigambre en lo cinematográfico: Gilda en los Andes (editorial Berenice) de Fernando Marañón. La novela, que sabe mantener un interés que lleva a devorarla de forma obsesiva, juguetea con la sabiduría de su autor en el ámbito cinematográfico, a la par que se cubre de guiños al género negro, todo ello mezclado con un grupo de antihéroes a la española, de esos que son soñadores de cubalibre y ración de aceitunas.

La recomendé como libro del mes en Mi Nueva Edad, y aquí os dejo enlace a los motivos que me llevaron a esa decisión:


Sin embargo, aún tengo una deuda con este texto, y espero dedicarle en breve un análisis más profundo aquí en Achtung!, todo es cuestión de tiempo, porque creo que es esta novela de Fernando Marañón no debe pasar desapercibida, o devorada entre la morralla de tanta mediocridad editorial.

Casi de la mano de Gilda en los andes, me llegó Paraíso Imperfecto (editorial Alrevés) de Juan Laborda Barceló, otra novela escrita por un cinéfilo empedernido que, sin embargo, prefirió para su obra un estudio de los resortes de la violencia como forma de ahogar todo intento de buen gobierno o gobierno utópico, convirtiendo el texto en una narración amarga, de esas que al final te dejan la mirada perdida y la cabeza llena de preguntas. Os reseñé esta novela para Achtung!, aquí os dejo el enlace:


Y Juan Laborda nos demostró que es un gran conversador, ya sea sobre literatura, historia, política o lo que se tercie, como se puede apreciar en la primera entrega de la serie de entrevistas que en Achtung! hemos bautizado con el nombre de Galería de Cronopios. Y sí, en efecto, os prometemos muchos más Cronopios en breve. La entrevista con Juan Barceló, aquí:


El verano me trajo de la mano un gran hallazgo narrativo, La caricia del verdugo (Universo de letras) de Alejandro Feito, otra de esas interesantísimas cosechas realizadas gracias a todo lo bueno que tienen las redes sociales y que, a veces, para quienes las estamos usando con fines literarios, nos dan más alegrías que tristezas, la verdad.

La caricia del verdugo es un libro de novela negra a la marsellesa escrita con gusto, ganas, tiempo y esfuerzo. Es un puñetazo narrativo pleno de arrojo que deja al lector sin aire en los pulmones. Los dos asesinos, protagonistas del libro, están caracterizados con gran inteligencia y cuidado, tal y como os explico en la crítica para Achtung!:


He cerrado el año con tres libros que hacen que me sienta afortunado de poder leer, a veces, trabajos tan deslumbrantes, buenos y originales. En primer lugar, la novela compleja y profunda, con un marcado carácter filosófico, del albanés Bashkim Shehu, titulada Angelus Novus (Siruela). Toda una reflexión sobre las maldades del poder totalitario, la búsqueda de la libertad y el universo que se alberga en la cabeza de los grandes pensadores:


Después, y de la mano de Navona, uno de los libros del año, una descomunal novela albergada en un texto breve que corta el aliento y encoge el corazón: El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle, en donde el autor nos habla, de una manera cercana y sincera, llena de lirismo, pero sobre todo repleta de humanidad y miedo, del dolor ante el nacimiento de su primogénito muerto. Un libro que no hay que perdérselo:


Por último, La acusación (Libros del Asteroide) de Bandi, un autor que bajo ese seudónimo ha conseguido sacar de Corea del Norte un volumen de cuentos prohibidos que denuncian el régimen criminal y sanguinario de aquel país. Un libro sobre la infamia, sobre una de las vergüenzas de nuestro mundo actual. Espeluznante:


En el tiempo de relecturas, o de lecturas de libros que no eran novedad este año, por encima de todos saldé mi deuda pendiente con lo que ya es un clásico moderno, Limónov (Anagrama) de Emmanuel Cárrere. Una obra de profundo análisis, con grandes dosis de autoficción, pero realizada al modo del gran reportaje periodístico, que bebe de las fuentes de Capote o Kapuściński. Mi entusiasmo queda patente aquí:

Mención aparte se merecieron las reediciones de dos grandes clásicos como La transformación de Kafka y El corazón de las tinieblas de Conrad, acometidas con mucho gusto y mejor saber por la editorial Navona:


Biografía y ensayos literario-biográficos
Uno de los acontecimientos literarios del año en cuanto a biografía se trata, fue la monumental edición acometida por El acantilado del Kafka de Reiner Stach, que recoge en dos tomos épicos los tres volúmenes biográficos sobre el escritor checo: Los primeros años, Los años de las decisiones y Los años del conocimiento. Hasta el momento, la que considero la obra definitiva sobre la vida de Kafka y la imbricación de esta vida con su obra.

Un par de ensayos literarios extraordinarios, por su forma de estar escritos y porque atienden a personalidades de escritores, se han llevado la palma en este 2017. Me refiero al trabajo de Jorge Freire sobre Arthur Koestler, titulado Arthur Koestler: Nuestro hombre en España (Alrevés) y al estudio sobre algunos de los escritores más influyentes del siglo XX, sus amistades y su forma de vivir la literatura, realizado por Toni Montesinos en Escribir. Leer. Vivir. Goethe. Tolstói. Mann. Zweig y Kafka (Ediciones del Subsuelo). Os hablé detenidamente de ellos aquí, en Achtung!:

Del libro de Jorge Freire:


Y del libro de Toni Montesinos:


La editorial Pasado & Presente además, me dejó entusiasmado con su Historia de los libros perdidos, de Giorgio Van Straten, un recorrido por aquellos textos que se han perdido, que sus autores destruyeron por algún motivo o que, simplemente, extraviaron por no cuidarlos con el debido celo. Un texto delicioso, pero frustrante, al comprobar como actos inexplicables nos han privado de obras, posiblemente, inolvidables:


Un libro de viajes y un libro de historia
Un emocionante libro de viajes sobre Budapest llegó a mis manos tan hambrientas como están, desde hace mucho tiempo, de Centroeuropa. Gracias, de nuevo, a la era digital, pude seguir por Instagram parte del viaje que realizó Sergi Bellver, y que cristalizó en sus Variaciones sobre Budapest (La línea del horizonte ediciones). Un libro que me emocionó por la forma en que el autor percibe los muchos discursos de la vieja ciudad austrohúngara, la manera en que conversa con sus calles, sus aceras, sus parques, encontrando en la reflexión serena y reposada la vía para recuperarse a sí mismo y regresar del viaje completamente cambiado. Un libro repleto, pleno y calmado, que rezuma el saber emanado desde la luz de los candelabros de Sándor Márai:


De nuevo, la editorial Pasado & Presente, entregó uno de los mejores libros de historia del pasado 2017, con la edición del amenísimo, pero también perturbador (por los hechos que relata) trabajo de Nicholas Best, titulado Cinco días que estremecieron al mundo:

http://www.achtungmag.com/la-carne-la-historia-cinco-dias-estremecieron-al-mundo-nicholas-best/

Y además…
Pero 2017 no se ha quedado ahí, que ha dado para mucho más. Encontré una curiosa novela del escritor en lengua albanesa Luan Starova, publicada hace tiempo por Libros del Asteroide con el curioso nombre de El tiempo de las cabras, sobre una sorprendente manera de oponerse en Macedonia al régimen comunista dictatorial de la Yugoslavia de Tito.

Me topé con La hierba amarga (también en los Libros del asteroide), un fugaz textito, pero no por ello menos estremecedor, de Marga Minco, en donde nos cuenta su propia historia, que es la historia de cómo se llevó a cabo el holocausto en Holanda.

Fue, también, el año del debut literario de Sofía Gonzalez Gómez en forma de unos cuentos titulados Una playa de septiembre (publicados por La isla de Siltolá), en donde hace un interesante repaso a las relaciones humanas, repletas de impostura y centradas en las apariencias, en esta sociedad digital nuestra que nos está incomunicando cada vez con más ahínco. Si os interesa profundizar un poco más en este libro, os dejo enlace a mi crítica:


Y qué puedo decir de mi ración habitual de libros de Chuck Palahniuk, ciertamente algo irregular en sus formas de cerrar las historias, pero siempre provocador y ameno, con una manera de narrar que te engancha. Esta vez me leí Monstruos invisibles y Nana (tal vez de lo mejor que haya escrito), ambos en Literatura Random House.

He llevado a cabo algunas relecturas que siempre resultan como la visita a la casa de un viejo amigo: Matadero Cinco (Anagrama) de Kurt Vonnegut, El extranjero (Alianza) de Camus, El miedo del portero al penalti (Alianza) de Peter Handke y Ampliación del campo de batalla (Anagrama) de Houellebecq, por destacar algunas de entre tantas amistades que siempre me reciben con los brazo abiertos y me deparan el mismo asombro que la primera vez que las leí.

He querido dejar para la última columna de El Odradek de 2017, que será el próximo viernes día 29, el que para mí ha sido, finalmente, el libro del año, en reñida lucha con El nadador en el mar secreto de Kotzwinkle.

El libro al que me refiero me ha ganado el corazón —alguno de los dos textos, este o el de Kotzwinkle, ambos excepcionales, tenía que hacerlo—, pero sobre todo porque se trata de un trabajo escrito por alguien que no es escritor y que elabora una especie de biografía novelada con ribetes de autoficción y libro de historia. Además, lo cuenta desde unos recursos literarios sobrios y sencillos, incluso repetitivos, que hacen que se la emoción se dispare por la carga de sinceridad, e incluso de inocencia, que alberga en sus 600 páginas.

Obviamente, me estoy refiriendo a… Tendréis que aguardar a nuestro último Odradek del año para descubrirlo. Os prometo que me meteré en este libro a fondo, con entusiasmo, placer y admiración.

Hasta entonces, os deseo una feliz Nochebuena y una formidable Navidad.